martes, 17 de junio de 2014

Estas son 3 historias de mi vida en la biblioteca, que tienen casualmente tienen un lugar común: CHINA


1

Hay una china, que se llama Bing, no habla con nadie pero a mi me cae bien, así que desde el año pasado la saludo, incluso hemos conversado un poco, pese a la terrible pronunciación del francés que tienen los chinos. Después pasa un tiempo y quizá por timidez deja de saludarme, entonces yo voy y la saludo nuevamente "Salut Bing". Es súper matea y seguro que hace tesis en algo muy lindo y extraño, así como la relación entre los suspiros y los sueños en la literatura japonesa del siglo XIII. (Si, aunque no lo creas por acá hay mucha gente que hace ese tipo de investigaciones)1. Bing se sienta en el último puesto a la izquierda, uno de los más apetecidos, justo al lado de mi puesto favorito (el mío da a la ventana interior), casi siempre está ahí lo que significa que llega muy muy temprano, yo diría que la primera, porque además veo su nombre en el cuaderno de entrada.
Ella es flaca, muy flaca y pequeña, usa anteojos, se viste un poco como niño.
Hoy como a las 10.30 no me podía concentrar y quería chicle, entonces salí a comprar al supermercado que está al lado (también para tomar un poco de aire) cuando iba llegando me di cuenta que ella iba delante mío, nos topamos un par de veces en los pasillos y le dije nuevamente "salut bing", ella me saludó como siempre, yo compré una manzana, un chocolate y unos chicles, ella un pan de molde, que luego cambió por unos más grandes y unos tomates cherries, cuando vio lo mío me dijo: Tienes hambre, parece? , a lo que yo respondí: No, es para el almuerzo (mentira, era para ahora, pero me daba plancha asumirlo) – ah, todo esto en francés, claro-
Volviendo a la biblioteca me encontré con un amigo y fuimos juntos por un café, ahí me la topé de nuevo, estaba en una mesita, abriendo el pan y una especie de paté mortadela gigante que con ganas cortaba para meter al pan, era todo muy grande y pensé: es bien flaquita para comer tanto, no?

1.- A propósito, a veces cuando paseo (que siempre es ir o volver del baño), miro a la gente que está trabajando en sus cosas (muchos tb en feisbuc) y pienso que increíble orquesta de pensamiento hay en este lugar, cada uno pensando e imaginando cosas tan distintas e increíbles, me parece precioso.



2

Llevo 3 años y medio, o algo más viviendo en París, y al parecer es cierto eso de que uno nunca termina de sorprenderse con cosas que estaban, pero que no había visto. Bueno, a mi me acaba de pasa, en verdad no recién, sino hace un rato. Desde un poco antes de irme a Chile me empecé a fijar en los traiteurs chinois, que son como unos restoranes chinos donde está toda la comida ahí expuesta y uno va pidiendo y te pesan. Durante mucho pensé que era comida mala y muy grasosa, y como soy lipofóbica simplemente la desterré de mi panorama. Pero como una semana antes de partir, un día frio de diciembre, era tarde y yo venía de la biblio con unas ganas ancestrales de comer algo sabroso y caliente,  entonces fue que pasé por este traiteur en la calle del Faubourg Saint Martin, cerca de mi casa. Se veía limpio y la comida más bien apetitosa. Calle mis paranoias salubristas en favor de mi cuerpo entero que me pedía comida real  y pedí un pollo a la leche de coco con arroz y verdura. Ayyy cómo me lo disfruté! Después en Chile traté de replicarlo pero fue inútil, quizá faltó el hambre, el frio y la soledad.
Volviendo, pensé pronto en pegarme otro festín, pero no me atrevía, un día sólo pasé a mirar y caché que tenían varias formules, una me gustó por que eran dos empanaditas chinas al vapor, una carne y un acompañamiento por 5,60, que por acá es casi nada. Así que me propuse volver un día. Ayer fue un día raro, porque el anterior había sido peor, entre que pensé que me iba a quedar coja y que mi bicicleta moriría, veía el apocalipsis. Tenía hambre real y decidí pasar por el traiteur. Me pasé todo el camino pensando en ese pollito y esas verduras con brócolis, pero cuando llegué me encontré con la pésima realidad, no tenían mas pollo leche de poco ni verduritas coco. La Chinita ofreció en su precario francés darme otra cosa, pero esos tallarines de arroz pocas ganas me hacían, así que le dije que no importaba, que me iba.
Por suerte o desgracia al lado había otro traiteur, compré un cuarto de pollo asado, pero no llenó ni cerca mis expectativas, igual siempre había querido probar uno de esos pollos.



3

El de la derecha es mi amigo Manu, el hace el doc en patrimonio inmaterial, trabajamos con el mismo profe, es un seco y también el que me provee de drogas para el estudio. El otro, el barbón, es un francés de la escuela que cacho hace ene, me lo he pillado mil veces en seminarios y en la biblio, algo intuía sobre su gaycidad, pero no era evidente, porque en el cotidiano se viste de civil hetero, con pantalones de tela, camisas, etc, Sin embargo, esta foto reveló irrefutablemente su orientación (todo bien, en todo caso).
Ahora es terrible, porque lo veo a diario, vestido nuevamente de señor doctorante opusdei y cada vez que me lo pillo no puedo dejar de pensar en esa  foto, en especial en su pobre entrepierna y el terrible candaochino que esa maya-body le debe haber provocado, recuerdo mi pré-adolecencia, en que esas cosas estaban de moda y yo, sin tener bultos sensibles, padecía horrores con esas pilchas.
Ayer comentándolo, algunas amigas que fueron a esa fiesta y lo vieron me contaron que en vivo fue peor, el body era colalezzz.

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